No hay otra tierra
Pese a representar a miles de familias que ya sufren su impacto, la Federación Nacional Campesina no tiene ni voz ni voto en las políticas sobre el clima en Paraguay.
Marcha Campesina en Asunción, 2018 - Fotografía: Nicolás Granada
Recuerdo que era una mañana de agosto invernal pero con ventiladores que mareaban.
En un viejo edificio de la Iglesia Católica en la capital, la Federación Nacional Campesina (FNC), que representa a 100 mil labriegos, convocaba a sus bases y congresistas, sindicatos e investigadoras a un debate nacional sobre el conflicto por la tierra en el país.
Oradores y oradoras de al menos 10 comunidades campesinas se subieron al estrado. Sus discursos eran en guaraní, la lengua más hablada del país. Pero al menos en cuatro diferentes se pudo escuchar una única frase en castellano: cambio climático.
Aunque no tenga una traducción popular al guaraní — según guías oficiales que nadie usa se dice arava moambue — el cambio climático ya es un problema bien paraguayo.
En tres de los últimos 5 años el país resintió en los cuerpos y los bolsillos las lluvias que ya no llegan, los vientos nortes que demoran su despedida.
Paraguay, un país mediterráneo, tiene una economía que necesita de agua para moverse. Sus ríos y acuíferos son — junto a la tierra y los bosques — los principales recursos naturales donde se asienta la soja y la ganadería de exportación, la energía hidroeléctrica que produce y los combustibles fósiles que importa.
Esa dependencia económica a la producción de commodities y la falta de infraestructura convierten al país en uno de los más vulnerables a la crisis climática en Sudamérica, según la Cepal.
En 2021 y en 2023 llovió tan poco que la producción de la hidroeléctrica de Itaipú se vio amenazada. En la cuenca del Tebicuary, que recarga y descarga el Acuífero Guaraní, la tercera mayor reserva de agua dulce del mundo, un informe oficial ya identificó que el cambio climático está generando conflictos por el acceso al agua entre productores de arroz y pueblos enteros.
Conflictos que a veces terminan en asesinatos de líderes ambientales locales.
El debate impulsado por la Federación Nacional Campesina no es una casualidad. Luego de renegar por años de la democracia electoral, en 2023, por primera vez, participó con candidatos a una elección general. Lo hizo a través del Partido Paraguay Pyahura (PPP).
La derrota electoral de la oposición en 2023 significó un descalabro no solo numérico, sino simbólico.
Es lo que Kregg Hetherington en Auditores Campesinos y Mauricio Schwartzman en Mito y Duelo concluyeron por caminos diferentes.
Los campesinos, otrora el sujeto aspiracional idealizado de la sociedad paraguaya, son desplazados por nuevas miradas del progreso - que hablan un castellano asunceno y veda sus intereses propios al hacerlos pasar por universales.
En 2017, en medio de la disputa con el gobierno de Horacio Cartes por las deudas de los pequeños productores, la entonces ministra de Hacienda Lea Giménez había tratado a los campesinos de “cavernícolas” por protestar con palos de madera en la capital.
Como respuesta, campesinos bailaban y posaban con ellos ante las cámaras - Nicolás Granada.
En la época que prefiere las ciudades, el milagro de los hombres y las mujeres que todavía quieren trabajar la tierra no tiene ni trabajo ni tierra. La soja de la que depende el PIB del país aguanta todo, menos gente. El país económicamente fértil de Santiago Peña no incluye a sus vástagos más allá de del Eje Corporativo de Santa Teresa.
No es una realidad paraguaya nomás, por supuesto. Solo que son los rostros ajados al sol de los campesinos de San Pedro o Alto Paraná los testigos de la contradicción entre un mundo que no sabe cómo alimentar a los miles de millones de personas hoy sin afectar la posibilidad de alimentar a los miles de millones que vendrán.
“Tierra, educación y cambio climático son los tres temas principales en nuestro programa” me dijo antes de las elecciones de 2023 Emiliano González, un campesino de San Pedro que integraba Paraguay Pyahura. “En 2021 perdimos nuestras cosechas y para nosotros no hubo ayuda del gobierno. Nos encantaría que se nos incluya en el debate de las políticas públicas”.
Fotografía: Nicolás Granada
La realidad se habla en guaraní. La propuesta que ofrece el gobierno no.
Pese a ser la mayor organización social del país y representar a miles de familias que ya sufren su impacto, la Federación Nacional Campesina no tiene ni voz ni voto en las creación de las políticas nacionales sobre cambio climático, mucho menos en la posición oficial del país ante las negociaciones climáticas
“Le preguntamos a nuestros padres, nuestros abuelos si hacía tanto calor antes. Y no era así”, cuenta González.
Los datos les dan la razón: en San Pedro la temperatura promedio subió casi un grado en los últimos 60 años. Un aumento que se siente en la infraestructura de uno de los departamentos más pobres del país.
“Nuestras casas tienen techo de chapa y sin aire acondicionado. Llegamos de trabajar en la chacra y no se puede descansar”.
Escenarios climáticos. Los colores más claros se refieren a un mundo donde cumplimos los objetivos del Acuerdo de París. Los más obscuros son donde el mundo cruza la barrera de los 3 grados promedio. Visualización - Cruz Roja Paraguaya.
De acuerdo con datos oficiales del gobierno paraguayo, de no cumplirse las metas de limitar a 2 grados el aumento de temperatura global, para el 2050 el rendimiento nacional por hectárea de soja, el principal producto de exportación, se reduciría a la mitad.
Y gran parte del norte del país, donde viven comunidades campesinas como la de Emiliano González, sería inhabitable.
El problema aparece cuando los sectores locales con mayor responsabilidad en los daños ambientales que sufre el país crean una falsa dicotomía que dispone que la acción climática es solo responsabilidad de algunos países, y que el escrutinio solo debe estar en esa dirección.
Declaraciones que se enfocan en el porcentaje de emisión de gases de efecto invernadero de Paraguay en relación al total global, o que denuncian supuestos intentos de intervención extranjera para afectar la producción nacional son normales en representantes parlamentarios, candidatos presidenciales o consultores relacionados al agronegocio paraguayo a medida que el impacto del cambio climático irrumpe cada vez más en el cotidiano.
El estudio Deny, Deceive, Delay sostiene que “convertir a otros países en los villanos y quitar responsabilidad a los actores locales se ha probado como una estrategia muy eficiente a la hora de evitar que el electorado apoye políticas ambientales».
Esta semana, la Federación Nacional Campesina vuelve a la capital de Paraguay.
El lema es Por la tierra, producción y contra todas las injusticias.
Incluye la injusticia climática de quienes hoy sufren lo peor del aumento del aumento de las temperaturas sin un lugar en la mesa de las soluciones.