Hola, somos Juliana y Maxi, tus periodistas del clima 💫
Te saludamos desde Asunción, Paraguay, en el corazón de Sudamérica, y te damos la bienvenida a una nueva edición renovada del Matecito de Domingo, el quincenal de Consenso sobre clima, justicia y desinformación.
No importa cuándo comiences este artÃculo, si sos peatón en una ciudad latinoamericana, hoy probablemente algún automóvil te rozó el cuerpo mientras intentabas cruzar la calle.
O le diste una bocanada de humo a la combustión que escupió algún carromato cuando esperabas al colectivo.
En algún momento del dÃa, te habrá tocado esquivar escombros, caminar por el asfalto, taparte los oÃdos o secarte la nariz. Esto no es arbitrario, es un plan diseñado para que esa no sea tu forma de habitar la ciudad.
Como peatones, muchas veces elegimos rutas alternativas para llegar a destino. Quizás porque el camino es más corto, resulta más cómodo, es menos transitado, tiene más árboles, son más agradables o, sencillamente, porque son más eficaces. Estos trayectos no aparecen en ningún plano municipal porque son recorridos trazados por los cuerpos que habitan el territorio.
Se ven en los desvÃos marcados por la tierra que arrastramos con los zapatos cuando evitamos veredas rotas o extremadamente angostas que nos obligan a caminar por la calzada. Están en los senderos que marcamos en las veredas de césped cuando buscamos acortar caminos, o sortear estacionamientos que convierten la acera en otro territorio vehicular.


